sábado, 20 de octubre de 2012

Estoy de Vuelta 18


Justo en el momento en el que Poeta terminaba su canción, los seis se quedaron atónitos. El cuerpo de la anciana comenzó a brillar y la silueta de una jovencita de color dorado-anaranjado surgía de él.

-¡Mirad! -exclamó Sheila-. Es tan bella...
La silueta con rostro de jovencita les miró por un momento con cara de absoluta incomprensión. Luego sonrió y se difuminó hasta desaparecer por completo.
-Qué hermoso... -dijo Sheila.

-¡Fito! -bramó Cosme rompiendo ese breve momento de paz-. ¡Estoy bañado en paté por tu culpa!
-¿Por mi culpa? -se hizo el ofendido Fito-. Yo te oí maullar y dije, pues si éste hace de gatito...
-¡Te aseguro que me las vas a pagar! -le gritó la calavera.
-¿Ah, sí? ¿Qué vas a hacer? ¿Patearme?
-¡Pero serás mamón!
-¿Es que ni ante algo tan asombroso vais a mantener la compostura? -les riñó Sheila.
-¿Asombroso? -preguntó Fito fingiendo estar sorprendido-. ¡Ah, disculpa! Teniendo en cuenta que soy un zombi y me está preguntando un fantasma, como que perdí la capacidad de asombro hace mucho...
-Creo que hemos hecho algo importante -les dijo Canael-. Estoy seguro de que algo ha cambiado en este momento...
-Entre otras cosas, que está unos minutos más cercano el amanecer -se quejó Cosme-. Vayámonos de aquí.
-No es tarde -le tranquilizó Sheila-. Está oscuro, pero seguro que no son ni las diez de la noche...

-Quizás dentro de la cabaña encuentres algo que ponerte -le dijo Fito a Canael-. Si nos encontramos con alguien, no querrás aparecer delante suya en pelota picada…

Fito dejó de hablar por un momento. Canael contestó con una media sonrisa en su rostro y voz irónica:
-Supongo que te acabas de dar cuenta de que si alguien se encuentra a un demonio con alas de murciélago, cuernos y garras acompañado de cinco muertos vivientes, lo que menos le importará es que dicho demonio lleve o no pantalones, ¿no es así?
-Qué asco das hijo, qué perfectito eres... -rezongó Fito mientras se daba media vuelta.
-Además, puedo hacerme invisible… -comenzó a explicar Canael.
-¡Ña-ña-ña! –terminó Fito.

Continuará...

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